El Verde llegaba a San Martín en busca de un sueño, el mismo sueño que hace 21 años casi 3.000 “enfermos” fueron a buscar a Concepción del Uruguay para gritar Chicago es Nacional, algo que tras mucho sufrimiento –definición por penales mediante- lograron.
La revancha de esta promoción ante el Funebrero tuvo en los días previos situaciones que rozaron lo patético. El estadio de Chacarita hacía más de tres meses que estaba suspendido debido a los graves incidentes que la parcialidad local provocó en el clásico ante Atlanta (con varios dirigentes y periodistas partidarios del bohemio agredidos cobardemente), por lo que dónde se jugaría el trascendental duelo fue una incógnita que tuvo, a medida que pasaban las horas, posibles escenarios como Tristán Suárez, Arsenal, Banfield, Lanús, Villa Dálmine, Laferrere (sí, leyó bien) el Ciudad de La Plata y hasta el mundialista de Mar del Plata (sí, leyó bien, otra vez).
Faltaban sólo 24 hs para el sábado a las 13 cuando el CO.PRO.SE.DE. inspeccionó y autorizó el estadio de Chacarita, para que la revancha se jugará ahí y con socios locales presentes. Finalmente, había que ir a San Martín, un reducto históricamente más que complicado para el Verde (sólo dos triunfos en toda la historia), pero el plantel y cuerpo técnico estaban preparados para tamaño desafío.
El viaje Mataderos – San Martín (después de casi no dormir en la noche previa) fue eterno, como aquel viaje a Entre Ríos en el ‘91´. Finalmente, la pelota comenzó a rodar en un estadio que era un impresionante cúmulo de tensión y nerviosismo. El local tenía todo para perder, como ocurre en las promociones con los equipos de la categoría superior, pero en este caso, el hecho de estar tan cerca de salir de esta categoría hacía que el Verde también tuviera mucho para perder.
El primer tiempo tuvo como situación más clara un remate de Carboni que luego de pegar en el palo le queda a Gomito, a quien Tauber le sacó el gol con el pie sobre la línea. El local no podía superar al Verde, y los hinchas Funebreros sabían que las chances de ganarle al verdinegro iban disminuyendo. En el complemento, Chicago también fue superior al equipo de Pasini y a los ‘39, un rechazo de cabeza de Coronel en la mitad de la cancha fue capturado por Scifo, que corrió solo por derecha (los defensores locales se quedaron pidiendo offdside) y se la cedió a Carboni para que el goleador del equipo ponga el 1-0 y “asunto liquidado”.
Chacarita tenía que hacer dos goles en cinco minutos para arrebatarle el ascenso al Verde, el clima de festejo entre los pocos que estábamos en la cancha era inevitable, pero como nuestra historia manda, faltaba mucho por sufrir todavía… PORQUE EN CHICAGO SI NO SE SUFRE NO VALE. A los ’43, tras un corner, Gabriel Tellas encontró la pelota perdida en el área y puso el empate. A los ’47, se lo perdió Carboni increíblemente tras pase de Gomito, y cuando el cronómetro marcaba 48:25 llegó lo inesperado: un tremendo remate de Piris -que tenía destino de red- pegó en el antebrazo iqzuierdo del Cabezón Testa; apoyado en su asistente, Vigliano cobró el penal. TODOS LOS CORAZONES VERDINEGROS SE DETUVIERON POR UN INSTANTE.
El partido se transformó, de golpe, en una definición por penales. Si lo hacía Chaca, adiós al sueño de salir de esta categoría. Si lo atajaba Monllor, o el remate se iba desviado, ASCENSO AL NACIONAL, tan simple como infartante, porque no había tiempo para más.
Fue Damián Toledo el encargado de ejecutar la pena máxima. Su remate se encontró con el brazo izquierdo de Monllor: durante un eterno segundo se heló la sangre de todos los presentes en el estadio, y seguramente de todos aquellos que lo estaban sufriendo por TV.
Quizá fueron los que alientan desde el cielo quienes empujaron la pelota para abajo de manera que Monllor finalmente se quede con ella para siempre. Un momento de película hecho realidad, un segundo que cambió la historia de Chicago para siempre. Cuando finalmente el héroe de la tarde retuvo el balón, la alegría, la emoción, el llanto y el desahogo se apoderaron de las almas de este Chicago que como en cada una de sus epopeyas le hizo frente a todo, no sólo a los once rivales. Segundos después de consumado el ascenso, Mataderos era una fiesta, el pueblo verdinegro ganó las calles y el festejo se prolongó durante horas…
Hoy, seguimos festejando, sin olvidarnos que en unos días habrá que volver al trabajo y planificar una temporada durísima, pero qué importa eso en este instante… Sabemos que la base de este plantel tiene categoría para afrontar el torneo mayor del ascenso. Y no nos preocupa la estadística que dice que equipos como Italiano, Los Andes, Atlanta, Desamparados, Brown de Madryn o Platense hayan ascendido al Nacional y durado una temporada o en el mejor de los casos dos. Sabemos de la estirpe de Nacional B que tiene Chicago y que acá huevos y fútbol sobran.
De nosotros depende dejar atrás para siempre el abismo vivido en los últimos cuatro años y poder consolidar al club en lo más alto del ascenso para, después soñar con cosas más grandes. Se viene el Nacional B, y sólo podemos decir CHICAGO, MI BUEN AMIGO…
Monllor el HÉROE de este ascenso.
